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Bien dicen que la gente nunca estará contenta o conforme con nada, para todo encontrarán los peros suficientes para cambiar de opinión constantemente. La bipolaridad se está convirtiendo en una enfermedad sin cura, en la que las personas dicen una cosa y en unos instantes cambiarán su criterio, todo depende de lo que esté enfrente de ellos.

El ejemplo más reciente del que fui testigo ocurrió en uno de los hoteles en Acapulco en el que me encontraba hospedado. Mientras estaba en la alberca estaba observando a un grupo de chicas muy guapas, y las veía porque una de ellas me había llamado la atención y estaba pensando la forma de acercarme a ella. En lo que me decidía vi como un chico de cuerpo atlético y sus amigos pasaron junto a ellas y le dedicaron unos piropos acompañados con guiños de ojo. Las jovencitas sonrieron y se sonrojaron. Después de unos minutos un joven de cuerpo opuesto a los que habían pasado tuvo el inmenso valor que a mí me faltaba para decirle a una de las mujeres que estaba muy linda y que si le podía invitar algo de tomar, ellas hicieron un gesto de rechazo y le dijeron que no las estuviera acosando. ¿Qué?

Esa es una constante en nuestra sociedad, donde las mujeres pueden aceptar piropos, halagos o frases candentes de hombres que ellas consideran atractivos y cuando otro que no es agraciado o que no cumple con los estándares para gustarle, lo consideran un acosador. Esto es bipolaridad, conveniencia, descaro o como ustedes quieran llamarles. Pero antes de que me digan que sólo estoy en contra de las mujeres, sé que los hombres no somos para nada inocentes. Reconozco que muchos hemos dicho que una dama que no consideramos de nuestro gusto y le declara su amor a alguien más está urgida, y si una mujer lucha por el amor de un hombre es una arrastrada, mientras que si un hombre lo hace es un guerrero que hace todo por amor. No estamos libres de pecado, así que no seré yo quien tire la primera piedra.

Pero la sociedad está mal, sé que hay personas de las que vale la pena inspirarse, pero son muy pocas. Los hombres tiene la idea errónea de que sus acciones deben corresponder a la belleza de la chica, por ejemplo, en el camión un chavo le cederá su asiento a cualquier chica que considere atractiva, pero si ve a una señora muy cargada de bolsas pero no es una viejita, no le pasara por la cabeza realizar esta acción. Por su parte, las mujeres exigen que se le cedan los asientos, cuando toda la vida han luchado por la equidad de género y, a mi consideración, el pedir que se les dé el lugar del transporte público podría significar debilidad. Lo incoherente es que si una jovencita ve a una señora parada no le cede el asiento, o si ve a un hombre cargando a su bebé tampoco, lo que no me parece equidad de género, sino conveniencia.